martes, 16 de agosto de 2011
Yo lo veía venir. Y a mi que no me digan que uno atrae las cosas cuando las piensa, porque evidentemente si alguien atrajo, fue él a esta chica que apareció en el medio de nuestras vidas, ni siquiera se como, en que momento, cuándo se dio el lujo de conquistarlo y arrastrarlo tan lejos de mí. Sentí un odio incomparable por ella. Sentí envidia de que ella fuese importante como para ser el motivo por el cual un corazón se estaba rompiendo, una relación, un mundo aparte desapareciendo. Y eso que mucho no la conocía. Aunque no necesitaba conocerla tanto para odiarla, para sentir esta ira conmigo por odiarla y no dejar que él sea felíz. Me dolía necesitarlo tanto. Me dolía pensar que me quedaría sola extrañandolo, porque se que se iría. Fue tan fácil confiar en vos. Cuando quise darme cuenta, y sin haber querido hacerlo, sabías más que nadie de mi. Podías manejarme a tu anotojo, podías jugar conmigo, usarme y tirarme a la basura cuando quisieras. Pero algo dentro mío me decía que nunca te atreverías a hacerme un mal. Me confié de tus palabras, de tu mirada que me hacía sonreír. Cuando pense que algo cambiaría, no estaba realmente pensando con la cabeza, sino más bien con el corazón. No hubiese estado bien, resultaba demasiado predecible para venir de tu persona. Funciona jugar de forma complicada, te funciona, pero a estas alturas del partido sólo necesito saber la verdad. Porque el silencio ya no me da tranquilidad, y todas esas palabras que te guardas, me obligan a inventar una respuesta que pueda acabar con esta presión en el pecho. Aunque yo sabía que eran mentiras, trataba de creerlas; me mentía a mi mísma. Tus dotes me tenían en un estilo de encantamiento del que no podía simplemente deshacerme. Tuve muchas oportunidades para alejarme de vos pero nunca lo hubiera tomado como una posibilidad. Siempre me dijeron que era un error poner tanto de uno en otro, y nunca quise creer en eso porque en parte hacer eso es entregarte, es confiar y si uno no se entrega, en algún punto no esta dando lo mejor de uno, no sería justo para la otra persona. Confiaba en vos. Ya no había motivo que alcanzara para no contarte algo, para ocultarte o mentirte. Cuando estuve destruida, cada persona que antes me lo había advertido se acercó sólo para decirme 'te lo dije'. Y llorando, haciendome ver, rota, inútil, como estaba antes de conocerte. De todas formas, no había nada que me haga entender que a veces estar con vos era un error, que me hacía sufrir. No te iba a dejar ir porque sólo me iban a quedar remordimientos y excusas maltrechas para ocultar la cicatríz en la que te llevaría conmigo todos los días, vaya donde vaya, siempre conmigo.
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